¿DERECHO A LA SALUD?

Hay muchas definiciones de salud y, seguramente, una de las peores sea la de la OMS: “la salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades”. Porque….¿quién puede aplicarse a sí mismo esa definición de forma constante? Es probable que en esta definición esté el germen de la paradoja sobre la mayor expectativa de vida y con mayor calidad a lo largo de toda la historia. Sin embargo, la percepción acerca de nuestra salud es negativa.

La salud es el resultado final de un conjunto de determinantes que, en un momento dado, produce un estado que permite disfrutar de la vida, aún con limitaciones e inconvenientes. La salud depende de nuestra alimentación, de las condiciones de vida de nuestra madre durante la gestación y  los dos primeros años de vida; de la educación (la nuestra y la de nuestros padres, especialmente la de la madre), de las condiciones de la vivienda, de tener un trabajo digno, de las posibilidades de participación en la sociedad y la política…. Todo esto se complementa con el suministro de agua limpia y de una justa distribución de la riqueza.

Reclamar el derecho a la salud no puede ser pedir que nadie padezca diabetes ni gripe, sino exigir a los poderes públicos las condiciones que faciliten la mayor calidad de vida a la mayor cantidad de personas posibles. Esto supone exigir a los gobiernos que realicen políticas de salud pública (agua, saneamiento, vacunaciones esenciales, campañas educativas…) pero sobre todo que impongan el estudio del impacto de estos factores en salud de la misma forma que se exige el estudio del impacto ambiental.

Los servicios sanitarios son también un determinante de la salud, pero demasiadas veces se tiende a confundir “salud” con “atención médica” y lo cierto es que los servicios de salud son casi unos recién llegados a la constelación de determinantes de la salud y su acción no debe, ni puede, suplir el deterioro de los más básicos, renta o educación, por ejemplo. Porque «la causa de las enfermedades transmitidas por el agua no es la falta de antibióticos, sino la suciedad del agua, y las fuerzas políticas, sociales y económicas que no logran proporcionar agua limpia a todos; la causa de las cardiopatías no es la carencia de unidades de atención coronaria, sino el modo de vida de la población, que está configurado por el entorno en el que vive; la obesidad no es culpa de un vicio personal, sino de la excesiva disponibilidad de alimentos ricos en grasas y azúcares» (Sir Michel Mormont).

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La importancia de los determinantes sociales de la salud se demuestra muy bien en las épocas de crisis. En un reciente artículo publicado en The Lancet (Financial crisis, austerity, and health in Europe) se dice que “la interacción entre la austeridad fiscal en las crisis económicas y unas débiles políticas de protección social agudizan las crisis sanitarias y sociales en Europa”. Compara el deterioro de la salud en países como Grecia, España, Italia y Portugal por las políticas de austeridad, con la inexistencia de ese deterioro en Islandia que optó por otra salida. También llega a comparar la opacidad de las autoridades europeas para reconocer estos datos con la de la industria del tabaco a la hora de reconocer los daños que provoca su producto.

También en los años 90, tras la caída del muro, la crisis en Rusia con privatizaciones, paro, nulas políticas sociales, etc. llevó a un retroceso importante en la expectativa de vida. Sin embargo, en esos mismos años Finlandia con una crisis financiera importante, llevó adelante otras políticas con más inversión social y no se produjo deterioro de la salud poblacional.

Otro aspecto a tener en cuenta en las crisis es la desigualdad. Hay estudios que muestran  que la polarización de las rentas conducen a importantes problemas tanto sociales como sicológicos, desde la obesidad a la delincuencia pasando por la mortalidad infantil, las adicciones al juego y a las drogas, enfermedades mentales y esperanza de vida. En estos años el Índice Gini (que mide la desigualdad) ha aumentado en España más de dos puntos, cuatro si contamos desde 2004, todo ello fruto de las políticas fiscales escasamente progresivas y de los recortes sociales.

Todo esto demuestra que no es la crisis la que deteriora la salud, el aumento de suicidios, el aumento de mortalidad cardiovascular, el aumento de infecciones,… sino que son las políticas de austeridad que imponen la UE, FMI y BCE y que los gobiernos aplican incluso en contra de sus propios programas. Que es precisamente en las crisis cuando más hay que invertir en esos determinantes básicos para la salud, como la educación y el resto de políticas sociales, y no caer en la tentación de privatizar servicios básicos como suministro y depuración de agua y servicios de salud porque la experiencia es que son pan para hoy y hambre para mañana y que, a la larga, estos servicios se deterioran y perjudican a los ciudadanos, que terminan recibiendo un servicio peor y más caro.

Nuestro Servicio Nacional de Salud es mejorable. El crecimiento del presupuesto sanitario de los últimos años, por impulso de la burbuja inmobiliaria, no es sostenible a largo plazo, pero la solución no está ni en los recortes o copagos, ni en la privatización.

Se hace imprescindible un diálogo social para desinvertir en lo innecesario o directamente despilfarrador, que lo hay y mucho, y para priorizar con criterios sanitarios y no económicos. Hay alternativas y están sobre la mesa, pero no parece que nuestros gobiernos estén por la labor de escuchar a los profesionales de la salud, sino que se mantienen tercos en entregar “la oportunidad de negocio” al beneficio privado, como he dicho antes, pan para hoy y hambre para mañana y si no que vean la carga que va a suponer a los madrileños los hospitales de gestión privada año a año hasta dentro de treinta años.

Eduardo García Langarica

Medicus Mundi

Virus del VIH/Sida: llegar a cero

En su informe “Juntos acabaremos con el sida”, ONUSIDA recoge los últimos datos sobre las cifras de nuevas infecciones por el VIH, la cantidad de personas que reciben tratamiento antirretrovírico, las muertes relacionadas con el sida y su impacto en la infancia. Un año más, desde medicusmundi observamos el 1 de diciembre, Día Mundial de Lucha contra el VIH/sida, para recordar que es necesario un clima que promueva el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud, los derechos humanos, la dignidad y la igualdad de género para impedir que haya personas que sigan muriendo por causas relacionadas con esta enfermedad.

El mundo en que vivimos se merece un futuro sin VIH/sida. Nada menos que llegar a cero. Con esta atrevida consigna, ONUSIDA articula su nueva visión para el futuro del sida; un tiempo que vendrá con cero infecciones por el VIH, cero discriminación y cero muertes relacionadas con el sida. ¿Utópico? Lo cierto es que los avances hacia esta visión se están acelerando exponencialmente en diversas áreas. De acuerdo con el citado informe, las nuevas infecciones entre niños/as han descendido drásticamente por segundo año consecutivo. De los 1,5 millones de mujeres embarazadas que se calcula vivían con el VIH en países de ingresos bajos y medios en el año 2011, el 57% recibió medicamentos antiretrovíricos efectivos para prevenir la transmisión del virus a sus hijos/as, frente al 48% de 2010. Otro ejemplo recogido en el informe “Juntos acabaremos con el sida” cita en más de 8 millones las personas que, en el año 2011, recibían terapia antirretrovírica en países de ingresos bajos y medios, por encima de los 6,6 millonesde 2010, lo que se traduce en un aumento de más del 20%.

En cualquier caso, no hay lugar para la complacencia, y más y mejores resultados siguen siendo necesarios. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a finales de 2011 había en el mundo unos 34,2 millones de personas infectadas por el VIH. Ese mismo año, contrajeron la infección unos 2,5 millones de personas, y 1,7 millones murieron por causas relacionadas con el sida, entre ellos 230.000 niños/as. Más de las dos terceras partes de las infecciones nuevas se producen en el África Subsahariana, que lleva una carga desproporcionada de la pandemia; según estimaciones actuales 22.5 millones de personas viven allí con el VIH, el 68% del total mundial.

África sigue siendo el continente más afecto por el virus del SIDA. Foto: Samuel Sánchez.

Ha de producirse aún un gran cambio social que sea capaz de frenar y revertir la epidemia de VIH. Así, las desigualdades sociales, legales, de género y económicas, continúan afectando la cobertura de los servicios contra el VIH. Ni que decir tiene que la crisis económica está opacando parte de los logros alcanzados en la lucha contra esta pandemia. La comunidad científica, ONGD del ámbito sanitario y otros movimientos sociales alertan de que los enormes avances científicos en el tratamiento y prevención de la infección a lo largo de los últimos años podrían verse amenazados por la reducción de los fondos que se invierten en la lucha contra esta enfermedad. Además, situaciones que siguen produciéndose tales como el estigma, la discriminación, la penalización, ladesigualdad de género y la violencia contra las mujeres equivalen a optar por perpetuar el VIH.

La implicación de la sociedad civil en la cuestión del VIH/sida es esencial. Sin embargo, en España y debido a la política de recortes en gastos sociales del gobierno, la Coordinadora Estatal de VIH/Sida (CESIDA) ha mostrado su “disconformidad y malestar” con la propuesta de resolución de subvenciones del Plan Nacional Sobre el Sida, publicada el pasado 20 de noviembre, y ha advertido de que implicará la “desatención y desprotección” de un número “muy importante” de personas vulnerables a tener esta enfermedad. Desde CESIDA también avisan de que este Plan va a suponer el cierre de entidades que daban respuesta a diario a las necesidades de los usuarios. Y es que, el presupuesto destinado a entidades que trabajan en el ámbito del VIH para este ejercicio 2012 se ha reducido en un 66% con respecto al ejercicio pasado, por lo que, a su juicio, esta reducción “merma seriamente” la capacidad de las entidades para dar respuesta a una realidad que la Administración “no da respuesta”.

La innovación en recursos y conocimientos científicos debe ir acompañada de una innovación en el activismo en torno a esta epidemia. Una ciudadanía informada, sólida y organizada puede exigir el cumplimiento de los compromisos adoptados en el marco de la lucha contra el VIH/sida.

1980-2012 En Memoria de Dña. Cooperación Internacional para el Desarrollo

El 17 de octubre es el Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza y este año con más motivos que nunca la Alianza Española contra la Pobreza manifiesta el rechazo a la política de recortes que empobrece cada vez más a la población, dentro y fuera de nuestro país.
En España, casi 13 millones de personas viven ya en situación de pobreza y exclusión (el 26,7% de la población). En el mundo 1.400 millones de personas sufren pobreza extrema y casi 1.000 millones sufren hambre y no tienen acceso al agua potable y otros servicios básicos como la salud y la educación.
En estos momentos todas las organizaciones y movimientos sociales tienen que plantar cara y hacer una lucha conjunta ante el aumento de la pobreza. La Alianza contra la Pobreza (una plataforma que reúne a ONGD, movimientos sociales, plataformas ecologistas, feministas, religiosas, sindicatos etc.) considera que hay otra forma de hacer política y convoca a la representación del funeral de las políticas públicas para rebelarse ante lo que no queremos que suceda. El 17 de octubre en la Puerta del Sol de Madrid; la política de Cooperación para el Desarrollo, junto a la educación, la sanidad, la dependencia, el empleo, los servicios sociales y la igualdad serán arropadas por miles de personas que se rebelan contra su desaparición. Estamos ante el desmantelamiento de las políticas sociales y por eso más de 25 ciudades en todo el territorio español se movilizan.
Políticas públicas como la Cooperación Internacional acumulan un recorte continuo desde 2009 de más del 70%, lo que significa el desmantelamiento del sistema de cooperación española y un cambio en los objetivos de desarrollo, que afecta fundamentalmente a las personas más vulnerables del planeta.
Junto a ella, las políticas públicas relativas a educación, sanidad, empleo, dependencia, igualdad y servicios sociales se encuentran al borde del abismo. Los continuos recortes en Sanidad, Educación y Servicios Sociales, mantienen a España muy por debajo de la media de la UE en gasto social (22’7% en España frente al 30% UE).
No es cierto que sea lo único que el gobierno puede hacer. Hay alternativas a los recortes sociales. El Estado pierde alrededor de 90.000 millones de euros cada año por el fraude fiscal, 11 veces más que lo que ha destinado este año a la Sanidad, los Servicios Sociales, la Educación, la Cooperación y la Ley de Dependencia. Lo que verdaderamente hay que recortar es el fraude fiscal.
Más información: www.pobrezacero.org

Desperdicios

En España se desperdicia una media de 180 kilos de comida por persona y año. Según un informe del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente un 20,5 por ciento de los distribuidores de alimentación acostumbra a entregar los alimentos retirados a alguna ONG o banco de alimentos, ¿qué pasa con el resto?

Vivimos en un mundo de grandes contrastes, donde la injusticia y la desigualdad van engordando cebadas por el hambre de los mercados, donde el Estado adelgaza hasta quedarse tan escuálido que no puede proteger a quienes lo necesitan. La serpiente de la crisis avanza engulléndolo todo a su paso. ¿Se llama crisis o se llama estafa? A veces dan igual los nombres: el caso es que se trata de una hábil depredadora en cuyo nombre se está acabando con la educación pública, la sanidad pública, la solidaridad y todo aquello que no genere directamente y a corto plazo beneficios económicos.

Mientras, las grandes empresas multinacionales siguen jugando su juego: ahí tienen el ejemplo de Barclays, que según un informe del Movimiento para el Desarrollo Mundial (WDM), durante 2010 y 2011, en plena crisis alimentaria, obtuvo ganancias de 888 millones de dólares a partir de sus especulaciones sobre los alimentos.

La pobreza aumenta en nuestro país. 12 millones de personas viven en situación de vulnerabilidad  mientras quien nos gobierna y quien nos ha gobernando no parece tener entre sus objetivos la reducción de la pobreza ni se han planteado poner en el centro de su acción a las personas, más allá de los datos macroeconómicos.

Al lado de nuestra casa, muchas personas se ven obligadas a acudir a comedores y otros servicios sociales para poder comer, aunque éstos cada vez tienen que superar mayores dificultades para atender cada día a más ciudadanos a los que se empuja a la exclusión.

En este contexto, hay personas que se están moviendo para reclamar  a los supermercados que entreguen diariamente los productos a punto de caducar a ONG locales.

Según la Federación Española de Bancos de Alimentos, Eroski, Alcampo, Carrefour y Día llevan tiempo colaborando con los bancos de alimentos. Por ejemplo, durante 2011 Consum donó 390.000 kilos y Carrefour 2,5 millones de kilos de alimentos, aunque, en el extremo contrario, la empresa con mayor facturación en España, Mercadona, apenas donó 15.000 kilos de comida el año pasado al banco de alimentos.

Más allá de campañas puntuales, sería necesario un acuerdo estable, un compromiso público con la sociedad de estas grandes empresas, para que estos alimentos, que todavía están en buen estado cuando van al cubo de la basura, puedan ser aprovechados por quien lo necesite.

Y más allá de este acuerdo, deberíamos reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos, en la que el sistema atrapa en su espiral a millones de personas y las escupe cuando ya no son rentables, en la que exprimimos a la naturaleza para poder mantener un nivel de consumo excesivo y en la que cada vez más personas tienen que recurrir a la caridad para poder sobrevivir cuando lo lógico sería que ya no tuviésemos que hablar de ella, de la caridad, porque si no existiera exclusión no tendría que existir.

Fran Vega

Derecho a curar

El 1 de septiembre entra en vigor el Real Decreto Ley 16/2012, que suprime la consideración de la salud como un derecho universal para pasar a un sistema que cubre sólo a los asegurados que cotizan a la Seguridad Social.

Desde su fundación, hace ya casi 50 años, medicusmundi ha defendido que la salud es uno más de los derechos humanos fundamentales y que la provisión pública de este servicio, al igual que la del resto de servicios básicos (educación, dependencia, servicios sociales…), ha de ser considerada un deber por parte de los estados, que deben garantizarlos a toda la población sin ningún tipo de exclusión y, especialmente, a los más vulnerables. Siempre hemos promovido la atención primaria dentro de los sistemas públicos de salud como la forma más eficiente de garantizar este derecho, porque asegura la mayor accesibilidad y equidad a toda la población.

En el Real Decreto Ley 16/2012, de 20 de abril, de “Medidas urgentes para el sostenimiento del sistema de salud”, aprobado por el Congreso de los Diputados el pasado 17 de mayo con los únicos votos del Partido Popular, el gobierno español da un paso atrás de 30 años: se suprime la consideración de la salud como un derecho universal para pasar a un sistema que cubre a los asegurados que cotizan a la Seguridad Social, y deja fuera del Sistema Nacional de Salud a los inmigrantes sin papeles mayores de 18 años y a muchos españoles que no cotizan (como parados de larga duración) a no ser que sean declarados pobres.

El supuesto ahorro no va a ser tal, porque es más costoso atenderlos en urgencias y, además, estos extranjeros mayores de 18 años en situación irregular ya cotizan a las arcas públicas cada vez que pagan un alquiler, compran el pan o llaman a su familia. Por otro lado está demostrado que no son ellos, en general jóvenes y sanos, los que más usan los servicios sanitarios. Se da la paradoja de que un extranjero en situación irregular puede ser donante de órganos pero no podrá recibirlos.

Lo que sí puede suceder es que, por falta de atención, se condene a muerte a algunos de ellos; a muerte por falta de diálisis o de insulina, a muerte por SIDA sin tratamiento; y también a que se extiendan enfermedades infecciosas como la tuberculosis. En realidad no se trata de un ahorro sino de un abandono.

medicusmundi considera que hay alternativa a los recortes sanitarios y así lo expresó en su “ Declaración en defensa del sistema público de salud”, por lo que se suma a la campaña de objeción de conciencia promovida por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC) y anima a todos los profesionales sanitarios a adherirse a la misma y a la población general a que exprese su desacuerdo con la medida y a apoyar a los profesionales sanitarios a través de la campaña promovida por Médicos del Mundo en la web www.derechoacurar.implicate.org.

¿Es impagable el sistema de salud público español?

El gasto público español no es desmesurado, Al contrario, se sitúa cinco puntos por debajo de la media, el 45,6% del PIB frente al 50,6% de la UE y el 51.3% de la zona Euro. Nuestra sanidad es una de las más baratas de Europa Occidental. Cuesta unos 1.500 euros por persona y año.

Si medimos el gasto en porcentaje del PIB también es de los más contenidos (6.25), bastante menos de lo que pagan franceses (2.553€ y 8,48), alemanes (2.393€ y 7,92), holandeses (2.691€, 7,42) o belgas (2.432€ y 7,55).

El modelo español es también uno de los más eficaces. Tenemos una de las carteras de servicios más amplias del mundo con cobertura universal. Además, nuestros indicadores de salud también están entre los mejores: por ejemplo, en esperanza de vida, en tasas de vacunación infantil o en trasplantes.

Gracias a los sistemas de prevención, la mortalidad por cáncer de mama, por ejemplo, es casi un 24% inferior a la media de la UE. Que nuestra sanidad pública sea tan eficaz como barata significa que es una de las mejores del planeta, como así se reconoce en el exterior. Además, desmiente dos falsedades: que el sistema sanitario español sea un lujo insostenible y que lo privado funcione siempre mejor que lo público.

Modelo fiscal desastroso

¿Es la sanidad española impagable? Sin duda, pero es una sanidad impagable por su calidad, no porque no nos la podamos permitir. No es cierto que el Estado del Bienestar sea insostenible o que las autonomías sean demasiado caras o que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

El problema está en nuestro desastroso modelo fiscal. Las administraciones públicas recaudaron un 32,9% del PIB. Son nada más y nada menos que 6,7 puntos menos que la media de la UE 27 (39,6% del PIB). 10,8 puntos menos que lo que se recauda en Francia o 9,7 puntos menos que en Italia, siempre en proporción sobre el PIB. A nivel de toda la Unión Europea, solo en Irlanda (con su agresiva política fiscal para empresas) y en algunos países de Europa del Este –en concreto, Polonia, Rumania, Letonia, Bulgaria y Lituania – se pagan menos impuestos. España recauda poco, pero, paradójicamente, figura en el listado de los países donde más pagan las personas asalariadas (a pesar de que los sueldos sean también inferiores a la media).

Efectos de los recortes en Grecia

El investigador de la Universidad de Oxford, David Stuckler publicó un artículo en British Medical Journal (una de las revistas médicas de referencia mundial) que ponía de manifiesto la relación entre el gasto de los gobiernos en servicios sociales y la mortalidad.

Se establece una relación entre gasto social y mortalidad general, lo que vendría a demostrar que la protección de ciertos derechos básicos es fundamental para la población y, sobre todo, para aquellos grupos más vulnerables. El pasado octubre médicos griegos publicaron en The Lancet(otra de las revistas más famosas en el ámbito médico) un artículo que analizaba las consecuencias de la crisis de la deuda en Grecia.

Disminuyó el número de pacientes que acudió a su Centro de Salud aún a pesar de considerar necesaria la visita, debido a las listas de espera o los desplazamientos a larga distancia.

Por el contrario, el número de ingresos hospitalarios aumentó un 24%. la admisión en hospitales privados disminuyó entre un 25 y 30%. La tasa oficial de suicidios aumentó un 17% en el periodo 2007-2009 y el Ministro de Salud griego informó de un incremento del 40% entre el primer semestre de 2010 y el correspondiente a 2011. las tasas de homicidio y robo casi se duplicaron entre 2007 y 2009.

El impacto en infecciones por VIH, según los últimos datos (que cifran el aumento de nuevas infecciones durante los primeros 7 meses de 2011 en 10 veces sobre el mismo periodo para 2010), se incrementará en un 52% en el año 2011, atribuyéndose la mitad de estas nuevas infecciones a usuarios de drogas por vía parenteral. Por otro lado, el número de usuarios de heroína aumentó un 20% en 2009. A ello habría que sumar una reducción del 30% de los programas de intervención comunitaria, que ayudan a este tipo de colectivos.

Hay alternativas

Las políticas sanitarias, especialmente en momentos de crisis, habrían de abordar la salud de la población desde la intervención en otras áreas que no pertenecen exclusivamente a la medicina, potenciando la atención primaria y los programas de promoción de la salud. Extrañamente, y por desgracia, esta idea parece excluida dentro del ideario político mayoritario.

La inversión en atención primaria, en programas de promoción de la salud y las políticas de disminución del gasto farmacéutico han de convertirse en los ejes vertebradores de las reformas sanitarias en momentos de crisis. No debemos olvidar, tampoco, que la base y aposento de estas ideas habría de encuadrarse en un decidido intento de acabar con la evasión fiscal, la disminución injustificada de determinados impuestos y el clientelismo político. La solución más inteligente en términos de planificación sanitaria y reducción del déficit público pasa por:

1- Mejorar la eficiencia de la atención hospitalaria, basando la práctica clínica en criterios de excelencia y evidencia científica disponible.

2- Redistribuir la inversión sanitaria hacia una atención primaria infrapresupuestada.

3- Homogeneizar la inversión en sanidad, desarrollando presupuestos finalistas para las autonomías y estimando los principales determinantes de la evolución del gasto a este respecto.

4- Formar a los profesionales sanitarios en un modelo asistencial que tenga en cuenta la complejidad actual del proceso de enfermar, haciendo especial hincapié en el debate sobre las fronteras legítimas de la medicina y la interdependencia de numerosos factores, incluyendo los de índole social, en este proceso.

5- Fomentar y elaborar programas de atención sociosanitaria fuera del ámbito hospitalario que puedan hacer frente de forma sostenible a los problemas de salud de la población.

Los datos que sustentan este artículo se encuentran publicados en las webs de la Plataforma por una Sanidad Pública Sostenible, de la OMS y de Eurostat.

Eduardo Garcia Langarica

Presidente medicusmundi araba / alava

Hacia nuevos modelos de cooperación

El pasado 13 de marzo tuvimos ocasión de asistir a la Jornada “Rivas: un modelo de ciudad solidaria”, organizada por el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid.

La jornada fue muy interesante y hubo un lleno casi completo en el salón de actos. Inicialmente hizo una ponencia marco del sociólogo Enrique del Olmo. En ella, reconociendo las dificultades actuales, insistió en que no había que ser demasiado pesimistas. Las ONG tendríamos que acostumbrarnos a trabajar en un nueva situación, con menos fondos públicos, y con nuevos instrumentos, pero la situación actual supone, según el ponente, una posibilidad para repensarnos y repensar la cooperación. Defendió el papel de las administraciones locales en la cooperación y expresó su convencimiento de que la ayuda para cooperación no desaparecerá de los Ayuntamientos.

A continuación hubo una mesa redonda formada por una representante del consejo municipal de cooperación de Rivas, Charo Picó, responsable del seguimiento de la política local y autonómica de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo en España, y Pablo Martínez Osés, representante de Plataforma 2015.

La representante municipal expuso el compromiso de Rivas para seguir con el programa de cooperación, manteniéndose en el 1,1% del presupuesto municipal a pesar de las dificultades económicas y financieras de los entes locales.

Charo Picó, responsable de la coordinadora de ONGD, expuso la situación actual de la cooperación en los ámbitos autonómicos y municipal, caracterizada por una reducción drástica de las partidas dedicadas a este concepto. A pesar de ello no quiso mostrarse totalmente pesimista sino expresar su confianza en que la cooperación en estos ámbitos no desaparecerá y, aunque reducida, superará las dificultades.

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                                          Niños en la escuela de Villa El Carmen, Bolivia. Fran Vega

La intervención con mayor profundidad crítica fue la de Pablo Martínez Osés. En ella vino a decir básicamente lo siguiente:

  • Una crítica a las administraciones que suprimen la cooperación: Expresó que la cooperación al desarrollo no se puede ver como una acción de caridad, y por lo tanto algo graciable, sino que es el Gasto Social Internacional. En ese sentido la reducción drástica de los fondos destinados a cooperación se inscribe dentro de la tendencia política dominante a reducir los gastos y prestaciones sociales. Es un campo más donde se imponen las políticas liberales al uso; pero a diferencia de las reducciones en otras partidas del gasto social, como las destinadas a sanidad y educación, cuya reducción provoca fuerte rechazo social, la reducción del dinero destinado a cooperación apenas suscita reacción, y a las autoridades les resulta gratis hacerlo. Expresó que nunca en la historia de la Humanidad ha habido tanta desigualdad económica como ahora, y la crisis es una excusa para reducir aún más el efecto redistribuidor del gasto social.
  • Una crítica a las ONG: Expresó que las ONG de cooperación al desarrollo nos hemos convertido en oficinas elaboradoras y gestoras de proyectos, con una desaparición casi completa de nuestro papel como organizaciones de participación social… ¿dónde ha quedado nuestra base social, más que como meros aportadores de dinero?. Así nos hemos alejado de los movimientos sociales, hemos adoptado un lenguaje técnico, incomprensible para los que nos estén en este mundillo, nos hemos profesionalizado hasta tal punto que se nos olvidó que lo que queríamos era cambiar el mundo. Por eso a nivel de la calle no contamos y la eliminación de los fondos destinados a cooperación no genera ninguna respuesta social.
  • Abogó por recuperar los ideales con los que surgieron en las décadas pasadas las ONG: íbamos a cambiar el mundo, haciéndolo menos desigual, más justo, y para ello no basta con elaborar proyectos técnicamente bien hechos (que, por supuesto, hay que hacerlos) debemos politizar nuestras ONG, politizarnos en el sentido pleno del término, como asociaciones de ciudadanos comprometidos con la tarea de construir un mundo menos desigual, con presencia y reivindicaciones en la calle, con ideales que den razón de ser nuestras acciones en el sur y en el norte.

En el turno de preguntas intervino nuestro presidente, Enrique Revilla, para recalcar que nuestra ONG realiza proyectos con financiación de Rivas, dando las gracias al Ayuntamiento por su apuesta tan decidida de mantener la ayuda al desarrollo, cuando otros lo están cerrando, defendiendo el papel de las ONG de cooperación.

Nos quedamos con buen sabor de boca por el ambiente tan intenso de participación y de interés por este ámbito de la cooperación que hay en la localidad de Rivas Vaciamadrid, tanto por parte del Ayuntamiento como, y muy especialmente, por parte de los ciudadanos y ciudadanas.