Luchar por la salud a partir de 2015

Quedan 279 días para que llegue 2015, el año que se marcó la comunidad internacional para dar cumplimiento a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Desde hoy a la llegada del nuevo año morirán cada día 19.000 niños menores de 5 años, 800 mujeres por causas relacionadas por el embarazo o el parto y la tuberculosis matará también a diario a 3.800 personas. Cifras que demuestran que, aunque se han producido avances que debemos celebrar, muchos y en poco tiempo, como se puede ver en la web de Naciones Unidas sobre los ODM, el marco que se planteaba en la Declaración del Milenio, además de poco ambicioso carecía de algo fundamental, que era plantearse cómo se iban a conseguir todos los objetivos y metas planteados.

En un contexto en que la ayuda al desarrollo ha sufrido en cuatro años un recorte del 70% y en el que, como nos recuerda Mercedes Ruiz-Giménez, mientras “aquí contamos el número de parados, hay países donde lo que se cuenta es el número de muertos”, surge el planteamiento de en qué vamos a centrar nuestros esfuerzos para garantizar el derecho a la salud de todas esas personas excluidas que aún no pueden disfrutar del mismo. Es decir, ¿cómo se tratará la salud en la agenda para el desarrollo a partir de 2015?

Foto: Samuel Sánchez.

Foto: Samuel Sánchez.

En un mundo en el que cada año unos 150 millones de personas se enfrentan a gastos sanitarios catastróficos y 100 millones se ven arrastradas a la pobreza por el pago directo de los servicios sanitarios, la Organización Mundial de la Salud (OMS), se plantea la Cobertura Sanitaria Universal como la vía primordial de trabajo: es decir, garantizar que todas las personas puedan tener acceso a la salud aumentando la cobertura de los servicios sanitarios.

Para medicusmundi este nuevo marco de referencia se queda corto, pues si bien estamos de acuerdo en poner sobre la mesa sistemas de financiación que eviten que la gente caiga al precipicio de la pobreza por pagar los servicios sanitarios, ésta sería sólo una parte del trabajo.

Una de las cuestiones fundamentales a trabajar será la de los determinantes sociales de salud, todos aquellos factores que influyen en la salud de la población y que se salen del ámbito de la prestación de servicios sanitarios: la lucha contra la erradicación de la pobreza, el acceso a la educación, el poder disfrutar de agua en buen estado, cómo te alimentas, el cuidado de la naturaleza… Factores que se suman a otras luchas necesarias como conseguir unas políticas fiscales justas, una apuesta por las políticas sociales, unas políticas migratorias que pongan el foco en las personas y unas políticas macreoecónomicas que dejen de estrangular a las poblaciones más frágiles.

También es importante el cómo lo hacemos: hace mucho que ha llegado la hora de formular políticas de abajo hacia arriba, es decir, teniendo más en cuenta a la población, fomentando su participación y consiguiendo resultados más duraderos a la largo plazo.

El derecho a la salud es fundamental e indispensable para que las personas puedan gozar del resto de derechos. Es obligatorio para los Estados garantizar que todas las personas puedan disfrutar de este derecho en iguales condiciones. Unas políticas de salud pública y de redistribución de la riqueza que consigan acortar la brecha entre ricos y pobres en el acceso a la salud no sólo son posibles, sino de obligado cumplimiento por parte de los Estados. Nuestro deber como ciudadan@s: Exigirlas.

Francisco José Vega

DOCUMENTO: Declaración de Medicus Mundi sobre la salud en la agenda para el desarrollo después de 2015.

 

 

 

De privilegiados y pobres

Hace ya treinta y tres años, el 5 de diciembre de 1980, la 34ª Asamblea General de Naciones Unidas estableció un ambicioso programa que permitiría acabar con la pobreza, el hambre y el subdesarrollo en el plazo de una sola generación. La propuesta más recordada de ese documento fue el que los países desarrollados dedicaran el 1% de su Producto Interior Bruto a ayuda al desarrollo del entonces llamado Tercer Mundo. Este 1% se desglosaría en dos partes, un 0’3% provendría de las ayudas de entidades privadas, iglesias y fundaciones, y lo restante, el 0’7%, sería de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), llevada a cabo fundamentalmente por las diversas administraciones públicas. Ahí nació el célebre 0’7%.

Fue un compromiso firme adquirido por todos los países, especialmente los desarrollados, que era a los que se pedía la aportación, entre ellos el nuestro. Ese plazo de una generación hoy, 33 años después, ya se ha cumplido. ¿Cómo se ha ido cumpliendo el compromiso? Las cifras son elocuentes:

  • En el momento en que se suscribió el acuerdo, 1980, los países desarrollados dedicaban, por término medio, un 0’5% de su PIB en ayuda pública a los países pobres, no se estaba muy lejos del objetivo propuesto.
  • En la actualidad, las cifras medias de AOD andan por el 0’25%. En nuestro país actualmente apenas la mitad de esa cifra.

Hemos ido hacia atrás.

Foto: Samuel Sánchez.

Foto: Samuel Sánchez.

Mientras tanto, en los últimos años hemos visto una marea incesante de poblaciones empobrecidas intentando entrar por todos los procedimientos en nuestro acotado mundo. Muchas decenas de miles de personas se han dejado la vida en ello, y muchos más los ahorros y el esfuerzo de años de sus familias. Incluso en la actual crisis, con el inmenso paro que tenemos, la marea de los más pobres no cesa, como hemos estado viendo este año con los ahogados en Lampedusa o como ponen de manifiesto las cuchillas añadidas a las alambradas de Melilla. Las barreras de agua, de alambre o de cemento pueden matar a las personas, pero no disminuirán el deseo de tantos millones de salir de su pobreza absoluta sin esperanza; nuestros gobiernos no conseguirán evitar que vengan por más medios que pongan porque la desesperación nunca respetó las barreras.

Sólo hay una solución, humana y justa, al drama de la inmigración: contribuir al desarrollo de las comunidades empobrecidas del sur, para que encuentren en su propia tierra los medios de vida, salud y educación, que les permitan una existencia digna. Ahí es donde estamos nosotros, las ONG de cooperación al desarrollo, ese es nuestro papel, por lo que surgimos y por lo que seguimos y seguiremos trabajando. Pero aceptando que esa es nuestra vocación fundamental, sentimos que se abren otros frentes en nuestro país: el aumento generalizado de la pobreza, los derechos de los inmigrantes, especialmente el derecho a la salud, los recortes en Sanidad, Educación y Servicios Sociales, la acelerada evolución hacia una sociedad cada vez más desigual. Nuestra tarea  también está aquí, en España, no podemos quedar callados frente a las injusticias del norte por pensar que debemos desarrollar preferentemente nuestro trabajo en el sur.

Más allá de norte y sur, países desarrollados y países subdesarrollados, lo que hay son privilegiados (los menos) y pobres (los más). La injusticia social es global, la lucha contra ella no puede quedar compartimentada. El mismo compromiso que nos hace colaborar al desarrollo con Mozambique, República Democrática del Congo o Bolivia, nos hace defender el derecho a la salud, a la educación y a una vida digna para todos en nuestro país. Esa es también nuestra lucha, nuestra vocación como ONG, Medicus Mundi para todo el mundo.

Para saber más: http://www.rebelatecontralapobreza.org/

Carlos Valencia. Presidente de Medicus Mundi Madrid.

 

Las enfermedades de la pobreza en el Centro de Salud de Daroca

Las enfermedades de la pobreza, la exposición de medicusmundi sobre la situación de millones de personas en todo el mundo, que ven vulnerado su derecho a la salud, estará en el Centro de Salud Daroca del 9 al 20 de enero de 2012.

Campaña de vacunación en Mozambique. Samuel Sánchez

Campaña de vacunación en Mozambique. Samuel Sánchez

La exposición se enmarca en unas jornadas que también incluyen la celebración de dos conferencias . La primera, titulada “Las enfermedades de la pobreza” , será el 17 de enero a las 11:00 h. de la mañana en el Centro Municipal de Mayores Manuel Aleixandre (Avda. Daroca, 54) y correrá a cargo de Antonio Cabrera, médico en el C.S. Daroca y cooperante de medicusmundi en Mozambique.

El 19 de enero a las 14:00 h. en el Centro de Salud Daroca (Avda. de Daroca, 4), se celebrará la conferencia “La cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria en salud” . En esta conferencia participarán Sandra Sánchez Lozano , médico de familia en el C.S. Gregorio Marañón (Alcorcón) y cooperante en Mozambique y Haití con Médicos del Mundo, y Begoña Hernández Olivares , enfermera en el C.S. Daroca y voluntaria en Marruecos con la Fundación Acción Geoda.

Todas las actividades son gratuitas y están abiertas a todas las personas que quieran acercarse a conocer un poco más sobre la lucha de millones de personas en todo el mundo por poder disfrutar del derecho a la salud.

Con perspectiva, más luces que sombras

Portada Informe sobre Desarrollo Humano 2010

Al final del año, se acumulan los informes. El PNUD ha publicado el Informe sobre Desarrollo Humano 2010. Por primera vez se revisan sistemáticamente las tendencias observadas desde 1970 en materia de desarrollo humano. Las comparaciones se basan en el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Es un índice compuesto que mide los logros en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: vida larga y saludable, acceso a educación y nivel de vida digno. Medido en términos del IDH, el progreso en el mundo entero ha sido impresionante. En particular, sobresale por su rápido avance la región de Asia Oriental y el Pacífico, seguida por Asia Meridional y los Estados Árabes. De los 135 países, todos salvo tres (la República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabwe) tienen un nivel de desarrollo humano más alto que en 1970.

Entre los 10 países que más han progresado existe poca superposición entre los aspectos de crecimiento, por una parte, y de salud y educación, por la otra. Sólo Indonesia y Corea del Sur se destacan por su progreso tanto en las dimensiones relacionadas con el ingreso, como en aquellas no relacionadas. De los ocho países restantes, cinco se incorporan a la lista por sus mayores adelantos en salud y educación y sólo uno (China) exclusivamente por su desarrollo económico.

Según escribe Amartya Sen: “Veinte años después de la publicación del primer Informe sobre Desarrollo Humano, los logros conseguidos ameritan grandes celebraciones. Pero también debemos mantenernos alerta para encontrar formas de mejorar la evaluación de las adversidades de antaño y de reconocer, y responder, a las nuevas amenazas que ponen en riesgo el bienestar y la libertad humana”.

Escrito por Antonio Cabrera

Cinco barras de pan

Hace unos días la ONG Alboan ha hecho público un informe sobre lo que dedican las Comunidades Autónomas a cooperación: la suma de todos los presupuestos autonómicos es 189.000 millones de euros. De este monto global se dedica a cooperación 465 millones. El 0,25% del presupuesto total.

Para poner estas cifras en contexto, hacen una comparación que creemos que nos va a servir a todos para aclararnos: de una nómina de 1.890 euros en el mes, estaríamos dedicando a solidaridad 4,6 euros, el equivalente a 5 barras de pan. En el lenguaje mileurista, supondría dedicar a solidaridad 2,4 euros de una nómina de 1.000 euros.

La foto es de Nic McPhee en Flickr.

La Comunidad de Madrid ha recortado este año su convocatoria de cooperación al desarrollo, eliminando las subvenciones a programas, un recorte que ha supuesto en torno a un 40%. El Ayuntamiento de Madrid ha suspendido su convocatoria. Y nosotros nos hacemos una pregunta: ¿De verdad van a mejorar la vida de los madrileños estos recortes?

Un último apunte: la cooperación autonómica española supera en su conjunto a países donantes pequeños como Luxemburgo, Nueva Zelanda o Portugal, lo que también nos habla de la relevancia que tiene.

La cooperación descentralizada, sin ser una competencia transferida a las Comunidades Autónomas, es una particularidad de España que tiene mucho que ver con las demandas de la ciudadanía en los años 80 por el 0,7%.

¿Vamos a dejar que se pierda?

Escrito por Fran Vega.

Las personas primero

La crisis no puede ser excusa para, de entre todos los recortes posibles, elegir suprimir servicios básicos como salud o nutrición a los más de mil millones de personas que hoy mismo están viviendo en situación de extrema pobreza.

Firma el manifiesto y súmate a las personas que exigimos un modelo de desarrollo más equitativo, justo y sostenible en el que no paguen la crisis las personas más vulnerables.

Escrito por Fran Vega.

Malos tiempos para la justicia

Tenía que pasar y ya ha pasado. La crisis, que ya estaba afectando a los más pobres, les va a tocar ahora más de lleno: el Gobierno español anunciaba la semana pasada un recorte de  la ayuda de 300 millones de euros en 2010 y 500 millones en 2011.

A partir de ahí, como se esperaba, han venido las reacciones en cascada. Los primeros han sido la Generalitat Valenciana, con un recorte del 30% en ayuda, y el Ayuntamiento de Madrid, que anuncia en un comunicado en su web que “las subvenciones de 2010 se reducirán y se suspenderán las de Cooperación al Desarrollo”.

El Gobierno ha abierto la veda incluyendo los recortes en cooperación entre sus nueve medidas para la reducción del déficit. Ahora para las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, reducir o incluso eliminar la ayuda, apenas tiene ya, si es que antes lo tenía, coste político.

La foto es de Carlos Capote en Flickr.

Nos alejamos del cumplimiento de los Objetivos del Milenio, qué más da, los objetivos en sí quizá no importen tanto. Lo que importa es que no nos duela que, por ejemplo, el número de personas que pasan hambre haya superado por primera vez en la historia los 1.000 millones.

Decía Carlos Taibo en una entrevista para medicusmundi que “en la crisis del 29 los brokers y banqueros se suicidaron: en la actual piden fondos a los gobiernos”. Mientras, los más vulnerables, los que no han generado la crisis y los que más necesitan ahora nuestra ayuda, son las que más la van a sufrir.

Cooperar debe ser una cuestión de justicia, no de caridad. Malos tiempos para la cooperación. Malos tiempos para la justicia.

Escrito por Fran Vega.