Virus del VIH/Sida: llegar a cero

En su informe “Juntos acabaremos con el sida”, ONUSIDA recoge los últimos datos sobre las cifras de nuevas infecciones por el VIH, la cantidad de personas que reciben tratamiento antirretrovírico, las muertes relacionadas con el sida y su impacto en la infancia. Un año más, desde medicusmundi observamos el 1 de diciembre, Día Mundial de Lucha contra el VIH/sida, para recordar que es necesario un clima que promueva el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud, los derechos humanos, la dignidad y la igualdad de género para impedir que haya personas que sigan muriendo por causas relacionadas con esta enfermedad.

El mundo en que vivimos se merece un futuro sin VIH/sida. Nada menos que llegar a cero. Con esta atrevida consigna, ONUSIDA articula su nueva visión para el futuro del sida; un tiempo que vendrá con cero infecciones por el VIH, cero discriminación y cero muertes relacionadas con el sida. ¿Utópico? Lo cierto es que los avances hacia esta visión se están acelerando exponencialmente en diversas áreas. De acuerdo con el citado informe, las nuevas infecciones entre niños/as han descendido drásticamente por segundo año consecutivo. De los 1,5 millones de mujeres embarazadas que se calcula vivían con el VIH en países de ingresos bajos y medios en el año 2011, el 57% recibió medicamentos antiretrovíricos efectivos para prevenir la transmisión del virus a sus hijos/as, frente al 48% de 2010. Otro ejemplo recogido en el informe “Juntos acabaremos con el sida” cita en más de 8 millones las personas que, en el año 2011, recibían terapia antirretrovírica en países de ingresos bajos y medios, por encima de los 6,6 millonesde 2010, lo que se traduce en un aumento de más del 20%.

En cualquier caso, no hay lugar para la complacencia, y más y mejores resultados siguen siendo necesarios. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a finales de 2011 había en el mundo unos 34,2 millones de personas infectadas por el VIH. Ese mismo año, contrajeron la infección unos 2,5 millones de personas, y 1,7 millones murieron por causas relacionadas con el sida, entre ellos 230.000 niños/as. Más de las dos terceras partes de las infecciones nuevas se producen en el África Subsahariana, que lleva una carga desproporcionada de la pandemia; según estimaciones actuales 22.5 millones de personas viven allí con el VIH, el 68% del total mundial.

África sigue siendo el continente más afecto por el virus del SIDA. Foto: Samuel Sánchez.

Ha de producirse aún un gran cambio social que sea capaz de frenar y revertir la epidemia de VIH. Así, las desigualdades sociales, legales, de género y económicas, continúan afectando la cobertura de los servicios contra el VIH. Ni que decir tiene que la crisis económica está opacando parte de los logros alcanzados en la lucha contra esta pandemia. La comunidad científica, ONGD del ámbito sanitario y otros movimientos sociales alertan de que los enormes avances científicos en el tratamiento y prevención de la infección a lo largo de los últimos años podrían verse amenazados por la reducción de los fondos que se invierten en la lucha contra esta enfermedad. Además, situaciones que siguen produciéndose tales como el estigma, la discriminación, la penalización, ladesigualdad de género y la violencia contra las mujeres equivalen a optar por perpetuar el VIH.

La implicación de la sociedad civil en la cuestión del VIH/sida es esencial. Sin embargo, en España y debido a la política de recortes en gastos sociales del gobierno, la Coordinadora Estatal de VIH/Sida (CESIDA) ha mostrado su “disconformidad y malestar” con la propuesta de resolución de subvenciones del Plan Nacional Sobre el Sida, publicada el pasado 20 de noviembre, y ha advertido de que implicará la “desatención y desprotección” de un número “muy importante” de personas vulnerables a tener esta enfermedad. Desde CESIDA también avisan de que este Plan va a suponer el cierre de entidades que daban respuesta a diario a las necesidades de los usuarios. Y es que, el presupuesto destinado a entidades que trabajan en el ámbito del VIH para este ejercicio 2012 se ha reducido en un 66% con respecto al ejercicio pasado, por lo que, a su juicio, esta reducción “merma seriamente” la capacidad de las entidades para dar respuesta a una realidad que la Administración “no da respuesta”.

La innovación en recursos y conocimientos científicos debe ir acompañada de una innovación en el activismo en torno a esta epidemia. Una ciudadanía informada, sólida y organizada puede exigir el cumplimiento de los compromisos adoptados en el marco de la lucha contra el VIH/sida.

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“Ahora vemos que el problema del VIH no es sinónimo de muerte”

Testimonio de Leticia S. Vive con el VIH desde hace 14 años. Vive con su esposo y sus hijos en la comunidad de Tornabé. Coordina el grupo de autoapoyo de personas que viven con el VIH/SIDA en su comunidad, compuesto por 56 mujeres y 12 hombres.

Foto: Olga Marín

Esta es la segunda de las tres entrevistas que estamos publicando sobre la salud sexual y reproductiva en Honduras.

¿Cómo fueron los comienzos del grupo?

El grupo está compuesto por personas viviendo con el problema del VIH/SIDA, tenemos personas afectadas y personas que son solidarias y estamos aquí luchando porque no vamos a decir que lo hemos ganado todo. Nacemos el 14 de febrero del año 2000, con el apoyo del Enlace de Mujeres Negras de Honduras (ENMUNEH), ya que sentíamos que en la comunidad había mucho estigma y discriminación hacia nosotras como mujeres viviendo con el problema del VIH.

¿Y cómo se sienten ahora?

Nosotras logramos quitar ese estigma y esa discriminación y es por eso que ahora, como estamos fortalecidas, ya podemos hablar, ya podemos reirnos, porque antes sólo eran llantos. Ahora miramos que el problema del VIH no es sinónimo de muerte, sino que estamos viendo que es una lucha; lo miramos ahora como una enfermedad normal, como una enfermedad como cualquier otra. Ahora nos hemos fortalecido y podemos ver que sí se puede vivir con el problema del VIH.

Quizá no podamos decir que el estigma y la discriminación se han terminado, pero sí que se ha mermado bastante.

¿Tienen dificultades para acceder al tratamiento de la enfermedad?

Tenemos un hospital en el centro en Tela, cada una de nosotras tenemos una cita una vez al mes, depende como estemos físicamente, el doctor nos evalúa y cada una de nosotras vamos una vez al mes a tomar los medicamentos. Aquí en el Centro Natalie Johnson también hacemos actividades para generar fondos para que cada una de las compañeras que no tienen medios, que viven en la pobreza, puedan llegar al hospital a recibir su medicación. Hacemos piñatas, costuramos, hacemos trabajos manuales…

La incidencia anual del VIH/SIDA es de 15,6 personas por cada 100 mil habitantes y se encuentra entre las 10 primeras causas de mortalidad de Honduras.

También colaboran ustedes en la prevención de nuevos contagios…

Como personas que vivimos la experiencia, intentamos orientar a otras personas, les transmitimos que por favor no caigan donde nosotras caímos quizá porque no hubo orientación, les decimos que se cuiden, que no queremos otro caso, queremos tratar de disminuir los problemas.

¿Qué siente una persona cuando se entera de que tiene el VIH?

Mi vida dio un giro de 180 grados. Pero ahora ya lo miro como parte de mi vida, ya no lo miro como un problema, lo miro como una solución, no para mí, sino para la comunidad.

El problema es cuando la persona se entera. Ellos mismos son los que sienten el miedo, pero nosotros como personas fortalecidas con el problema del VIH tratamos de abordar a la familia y decirles que la apoyen, que no la boten, que le den amor y cariño, porque ahora él  lo necesita.

Háblenos un poco más de su propia experiencia en ese primer momento…

Cuando a mí me detectaron que yo tenía el problema del VIH/SIDA yo sentí que el mundo se me vino encima, porque yo no tenía  ningún conocimiento. Yo dije, voy a dejar a mi familia, voy a dejar a mis hijas, porque yo no sabía que había métodos como para poder vivir con la infección. Entonces yo dije me voy a morir. En 12 años para acá mi vida ha cambiado, yo no podía hablar antes del problema del VIH.

¿Qué mensaje le enviaría a los jóvenes?

Desde Honduras, desde la comunidad de Tornabé, yo le diría a los jóvenes que es importante cuidarse y es importante informarse, después de esa información esperar el momento preciso para tener una relación sexual. No es fácil vivir con el problema del VIH, pero sí se puede vivir.

Derechos sexuales y reproductivos, ¿derechos olvidados?

El Día Mundial de la Salud se celebra el 7 de abril todos los años para conmemorar el aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud en 1948. Desde medicusmundi queremos recordar este año los derechos sexuales y reproductivos, uno de los derechos más vulnerados en todo el mundo.

Foto: Joven garífuna en Honduras. Olga Marín.


ABIDJAN, (Costa de Marfil)- “Me gustaría usar algún método anticonceptivo, pero mi esposo se opone”, dice Bintou Moussa, de 32 años, quien acaba de dar a luz a su sexto hijo .

GUATEMALA: el acceso a los anticonceptivos tiene especiales dificultades para las mujeres indígenas por la inexistencia tanto de medios como de personal preparado en áreas rurales, aunado a la exclusión social. Pero también existen barreras culturales como el machismo, que lleva a muchas mujeres a planificar sus embarazos a escondidas de sus parejas, para evitar celos y el riesgo de ser violentadas.

(Fuente PS-Inter Press Service – la Conexión Global)

Dos noticias recientes muestran la situación del DERECHO A LA SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA  en el mundo. A pesar de las múltiples declaraciones y acuerdos internacionales firmados desde que en la cumbre de El Cairo en 1994, se definiera la salud sexual y reproductiva y se asumiera internacionalmente como uno más de los derechos humanos, la realidad se acerca más a lo que indican esas dos noticias.

Por un lado, el machismo imperante en buena parte del mundo, no solo en los países menos desarrollados, y que necesitará de tiempo y educación para ser combatido, además de una buena cantidad de voluntad política para cambiar las leyes que impiden a las mujeres tener los mismos derechos que los hombres.

En segundo lugar, la gran debilidad de los servicios públicos de salud en buena parte del mundo, también influida por la voluntad política de reforzarlos y en muchos casos por la falta de medios económicos para ello. A esto se viene a añadir ahora la crisis económica que todavía reduce más los presupuestos dedicados a gastos sociales, sanitarios y educativos.

Foto: Bebé lactante en Honduras. Olga Marín.

Los derechos sexuales incluyen el derecho de mujeres y hombres a tener control respecto de su sexualidad y a decidir, libre y responsablemente, sin verse sometidas/os  a ningún tipo de coerción, discriminación o violencia. Implica, por lo tanto, unas relaciones sexuales igualitarias entre las personas, que garanticen el pleno respeto a la integridad del ser humano y el consentimiento mutuo.

Los derechos reproductivos incluyen el derecho básico de todas las personas a decidir libre y responsablemente el número y espaciamiento de hijos/as y a disponer de la información, educación y medios adecuados para ello.

La conculcación del derecho a la salud sexual y reproductiva lleva a graves riesgos para la salud que son fuente importante de morbilidad, de mortalidad y de discriminación.

La práctica de sexo no seguro es más frecuente en personas jóvenes que no han tenido acceso a información, cuando existen desigualdades de poder que impiden negociar con la pareja sexual  y en las relaciones sexuales practicadas con coerción o violencia. El sexo no seguro es causa de 2,4 millones de muertes a nivel global, siendo la tercera causa de mortalidad en los países de bajos ingresos (1,7 millones) y el segundo factor de riesgo de incapacidad (el primero en mujeres en edad reproductiva) a nivel mundial, afectando a 70 millones de personas y Es la principal causa de infección por el VIH y otras ITS así como del cáncer cervical (WHO, 2009).

Foto: Titular de un diario hondureño. Ana Gª Mellado.

Aumento de la morbi-mortalidad maternal. Cada año, unas 210 millones de mujeres sufren complicaciones que amenazan su vida durante un embarazo las cuales, a menudo, les causan graves incapacidades. Medio millón, o más, adicional muere a causa del embarazo, parto o puerperio, más del 99% de los casos en países en desarrollo (Glasier, 2006; WHO, 2010a).

Un gran número de mujeres entre 15-49 años –que en algunos países llega hasta al 60%-ha sido forzada a mantener relaciones sexuales. En la mayoría de los casos la violencia sexual es ejercida por el marido, compañero o por un varón cercano a la familia (Bott S. 2010).

80 millones de mujeres tienen, anualmente, embarazados no deseados o no intencionados, 20 millones de abortos en el mundo se practican en condiciones no seguras, el 40% de estos abortos son practicados a mujeres menores de 25 años y unas 68.000 mujeres fallecen anualmente a causa de sus complicaciones. Es por esto que la cuestión de acceso al aborto no se puede desligar del contexto amplio de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer y la obligación de los Estados de defender y hacer efectivos estos derechos.

Los entornos de riesgo en los que a veces se ven obligadas a someterse a abortos muchas mujeres reflejan no solo la desesperación de estas mujeres sino, también, y, a menudo, la pasividad del Estado a la hora de respetar, proteger y realizar los derechos de la mujer. Las mujeres deberían de tener acceso a servicios de calidad para tratar las complicaciones derivadas de aborto. Se deberían de ofrecer con prontitud servicios de planificación de la familia, educación y asesoramiento post-aborto que ayuden también a evitar la repetición de los abortos”.

La falta de atención sanitaria especializada durante el embarazo y el parto no solo afecta a las madres, sino que ocasiona también una elevada mortalidad perinatal: en 2004, 3,7 millones de bebés murieron en su primera semana de vida y 3,3 millones de bebés nacieron muertos (OMS,2007). En 2009, unos 370.000 niños nacieron con el VIH, con lo que se elevó a 2,5 millones el número total de niños menores de 15 años que viven con el VIH. El número total de niños de 0 a 17 años que han perdido a su padre, madre o a ambos debido al VIH aumentó a 16,6 millones en 2009 (ONUSIDA, 2010)

Para medicusmundi, las intervenciones en Salud Sexual y Reproductiva deben estar basadas en los principios básicos de:

  • Enfoque desde los derechos humanos y, en esta área en particular, desde los derechos sexuales y reproductivos, prestando especial atención a los grupos más vulnerables (menores, mujeres y población más empobrecida y/o marginada).
  • Trabajo conjunto con nuestros socios locales, teniendo en cuenta siempre los factores socioculturales locales.
  • La equidad e igualdad de género.
  • Principios de ciudadanía, lo que conlleva la aceptación de las obligaciones que los Estados deben de tener para con sus ciudadanos y ciudadanas, rechazando políticas injustas de escasa prestación de servicios públicos o tendencias privatizadoras.
  • Principio de laicidad y democracia real en las políticas públicas.
  • Reforzamiento de los servicios públicos de salud, basados en la atención primaria, como garantía de accesibilidad y equidad en la atención sanitaria, también en lo referido a salud sexual y reproductiva y que hoy está en riesgo tanto en el “norte” por los recortes impuestos por el ajuste, como en el “sur” por el abandono de la ayuda al desarrollo debido a los mismos recortes.

Eduardo García Langarika

medicusmundi

Para saber más: En www.medicusmundi.tv puedes ver el documental “Mi cuerpo no es un campo de batalla”, sobre los derechos sexuales y reproductivos en Honduras.

30 años del descubrimiento del virus del Sida

El primer caso de VIH/Sida, la última pandemia global, se diagnosticó hace ya 30 años, en este tiempo 60 millones de personas han contraído la enfermedad y 22 millones han muerto.

 

El 5 de junio de 1981 el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos publicó el primer caso de VIH/Sida y lo describió como una ”neumonía letal” que se propagaba entre los homosexuales. A finales de ese mismo año ya se habían detectado 121 personas enfermas y comenzaban a diagnosticarse nuevos casos en Europa.

En España el primer caso se conoció en octubre de 1981. Cinco años después el retrovirus se denominó virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), nombre con el que se le conoce hasta la fecha. Además, en esa época se descubrió que el virus podía estar hasta 10 años en el paciente infectado sin dar síntomas, por lo que los enfermos podían haber estado infectados durante años sin saberlo. Este hecho ayudó a su rápida propagación y también contribuyó a que ésta haya seguido extendiéndose -de cerca de 8 millones en 1990, hasta 33 millones en la actualidad-.

Pero no sólo el desconocimiento científico ha ocasionado su rápida transmisión, ha habido más causas que lo explican, como la forma en que se ha respondido a la enfermedad. Al principio se propagó más entre la comunidad homosexual y entre los consumidores de drogas intravenosas al compartir jeringuillas. Por este motivo, parte de la sociedad occidental asumió la enfermedad como una plaga de consideraciones “bíblicas” que castigaba exclusivamente a homosexuales y drogadictos y, por lo tanto, el resto era inmune a esta enfermedad.

Por otro lado, la reticencia de gran parte de la población al uso del preservativo en sus relaciones sexuales, a pesar de que está demostrado que es la medida protectora más eficaz, ha sido otro agravante. Diversas culturas están en contra de su uso, debido a la creencia de que fomenta la promiscuidad e incluso dudan de su eficacia demostrada para evitar la transmisión de la enfermedad en las relaciones sexuales. Por ejemplo, en el continente africano, el más afectado, se considera poco masculino el uso del preservativo, e incluso en algunos lugares se cree que este favorece la esterilidad.

A este desconocimiento, podemos sumarle actuaciones como la de la ministra de salud de Sudáfrica que en 2006 provocó la confusión entre la población -la de mayor proporción de infectados del mundo- al asegurar que los tratamientos antirretrovirales occidentales eran dañinos para la salud y promulgó la utilización del ajo y la remolacha para luchar contra el VIH/Sida.

Discursos como éste, favorecen que solamente el 20% de las jóvenes de las regiones en desarrollo tengan un conocimiento amplio y correcto sobre el VIH; y, con estos condicionantes no es de extrañar que el 41% de los nuevos casos sigan siendo en  jóvenes de entre 15 y 24 años.

Pero además del desencuentro entre la ciencia y las creencias, quizás los otros dos factores que han contribuido a la transmisión de la enfermedad han sido el estigma y las inequidades de género.

El desconocimiento que hay sobre todo en cuanto a los mecanismos de transmisión y el miedo a contagiarse -incluso al principio algunos sanitarios se negaban a tratar a estos enfermos-, así como las implicaciones sociales que se le achacan -estar enfermo para la sociedad significaba ser homosexual, drogadicto, o promiscuo-, provoca que a los enfermos/as se les estigmatice y se les aleje de la sociedad. Como efecto secundario, personas que sospechan que están infectadas no se hacen la prueba para no corroborar la realidad y no ser apartados de su entorno social.

Por otro lado, las inequidades de género han provocado que una enfermedad que en sus principios fue casi exclusivamente masculina revierta la tendencia con los años y ahora tenga un ligero predominio femenino, siendo mujeres más del 51% de las personas adultas que viven con VIH. La mujer, sobre todo en países en desarrollo, sufre una triple vulnerabilidad ante la enfermedad: la vulnerabilidad biológica, al tener mayor facilidad para infectarse en una relación sexual con un hombre con VIH, que viceversa; la vulnerabilidad económica, al no poder en muchos casos contar con recursos económicos propios incluso aunque trabaje, ya que lo gestiona su pareja, lo que impide acceso a los tratamientos, medidas preventivas y de apoyo; y por último, la vulnerabilidad social, que le impide en muchas sociedades tomar decisiones que afectan a su salud como el uso o no de preservativo, o poder ir por su cuenta a los servicios médicos.

Por todo ello, desde medicusmundi queremos que el 1 de diciembre sirva para reflexionar acerca de las medidas preventivas y la protección de las personas que viven con el virus del sida y tomar conciencia de la dignidad de las personas que deben convivir con esta realidad para la que aún no hay cura, pero para la que hay muchas más herramientas e información que en aquel 1981 en el que se diagnosticó el primer caso.

Sobre la grabación del documental en Honduras

El 15 de junio. Hace ya más de un mes que salimos de Barajas, con destino final San Pedro Sula, Honduras. Después de muchas horas de viaje (ya se sabe cómo funcionan éstas cosas) llegamos a nuestro destino, algo cansados y con muchas ganas de empezar a grabar.

Os refrescaré la memoria. El viaje a Honduras estaba destinado a grabar el material para la realización de un documental  dirigido a jóvenes españoles para conocer la realidad de la salud sexual y reproductiva en Honduras. Para ello, nos centraremos en tres ejes principales: embarazos en adolescentes, VIH/Sida y violencia doméstica, tres de los grandes problemas de la sociedad hondureña actual, sobre todo de la mujer.

El primer día recorrimos las comunidades de Santa Rita y Morazán. Allí visitamos un hogar materno. ¿Qué es un hogar materno? Es un alojamiento para mujeres que van a dar a luz en los próximos días. ¿Y por qué necesitan alojarse allí? Porque viven en comunidades o pueblos muy alejadas del hospital o centro de salud donde se las puede atender para que den a luz. De este modo, se logra disminuir la mortalidad materno infantil. En este hogar hablamos con Carla, Keyna, Tania, y muchas otras chicas, la mayoría jóvenes, que nos contaron su experiencia como futuras madres.

Mujer en el Hogar Materno Infantil con su bebé.

La segunda parada la hicimos en la Bahía de Tela, donde visitamos varias comunidades garifunas, en las cuales conviven afrodescendientes con una fuerte identidad cultural y grupal. Tienen muy marcadas sus costumbres y su carácter, y están muy orgullosos de ello. A orillas del Mar Caribe encontramos comunidades como San Juan, Tornabé, Miami o Triunfo de la Cruz. Los niños posan para las cámaras como si fuera lo más natural del mundo y sonríen, siempre sonríen. Esos niños se convertirán un día en adolescentes y más tarde en adultos, no quedando exentos del peligro de cualquiera de esos tres ejes a remarcar: los embarazos adolescentes, el VIH/Sida y la violencia doméstica. El carácter abierto y desenfadado de sus habitantes nos facilitó mucho el trabajo de grabar y hablar con la gente. Pudimos recoger distintas actividades como la realización de un programa de radio, entrevistas a los responsables de los césamos (centros de salud), y, sobre todo, empaparnos de su cultura.

Niña en el centro Natalie Johnsson para afectados e infectados de VIH/Sida.

Hospital de Tela.

La tercera parte del viaje la pasamos en Ceiba, la tercera ciudad más grande de Honduras, donde pudimos comprobar cómo se lleva a cabo la gestión de una casa refugio para mujeres víctimas de violencia doméstica y cómo vive la gente con VIH/Sida su situación. La Casa Ixchel acoge a mujeres en alto riesgo y nosotros, gracias a las gestiones del personal de la casa, tuvimos la suerte de que éstas mujeres pudieran compartir su experiencia con nosotros, para que desde aquí podamos comprender cómo de grave es el problema. Son mujeres fuertes, que se están levantando, que quieren reconstruir su vida. Y tienen mucho mérito. También la capacitación de los voluntarios dentro de las comunidades juega un papel importantísimo para evitar o por lo menos detectar éste tipo de situaciones.

Joven Garífuna en Ceiba.

Grupo de debate sonre VIH en el Centro Integral de Atención a Pacientes con VIH/Sida

En definitiva, tenemos mucho material, más de 20 horas grabadas y va a ser un trabajo muy difícil editarlo ya que todas las entrevistas son de lo más interesantes. Y, sobre todo, debemos y queremos dar las gracias a todas las personas que nos han ayudado, es decir, las contrapartes locales: Alejandro Ludeña, de medicusmundi asturias, Ángel Sorto, de medicusmundi bizkaia, a Berta, Lucy, Olga, Serrano, Vilma y Osman de Enmuneh (Enlace de Mujeres Negras de Honduras) y a Lesbia, Argelia, Lis, Ailín y Lucía de Casa Ixchel. Y, como no, a medicusmundi Bizkaia y medicusmundi Asturias por dejarnos enseñar a los jóvenes madrileños la situación de la salud sexual y reproductiva en Honduras.

Dentro de muy poquito podréis disfrutar de más fotos en nuestro flickr… estad atentos.

¿Razones o excusas?

Mapamundi con tamaños ponderados de países según población con VIH  
Fuente: Worldmapper

 

El Gobierno de España ha anunciado que va a congelar los 120 millones dólares que todavía se debían al Fondo Mundial contra el SIDA,  la Tuberculosis y la Malaria, de los 764 millones prometidos. Esta organización es una institución creada en 2002 de forma paralela y vinculada (aunque independiente) a Naciones Unidas, para reunir fondos de donantes públicos (gobiernos) y privados (fundaciones y empresas), y canalizarlos hacia la financiación de programas de salud pública para la lucha contra tres de los principales problemas de salud en el mundo más empobrecido. La razón es que en las auditorías realizadas por el propio Fondo se han detectado desvíos importantes en cuatro países (Mauritania, Zambia, Malí y Djibouti).

Tras esta muestra de celo de España y otros donantes como Alemania y Suecia puede haber otras motivaciones como sugiere The Economist para justificar recortes en la Ayuda al Desarrollo.

La única realidad es que este recorte afectará drásticamente a las campañas de prevención, diagnóstico precoz y  acceso a tratamientos de enfermedades como el SIDA, dejándonos mapas como el de la ilustración (de la muy recomendable web Worldmapper)  que nos devuelven una realidad sangrante.

Escrito por Antonio Cabrera

Tratamientos 2.0 ¿Soluciones o marketing contra el SIDA?

Foto de Portada de “Treatment 2.0”

En un reciente documento de ONUSIDA llamado Tratamiento 2.0 se proponen los 5 pilares que tendrían que sustentar la lucha contra el SIDA durante los próximos años:

1) Creación de mejores pastillas y diagnósticos.

2) Tratamiento como prevención.

3) Evitar que los costes se conviertan en un obstáculo.

4) Mejorar el acceso a las pruebas del VIH y su vinculación a la atención.

5) Fortalecer la movilización comunitaria.

Siguiendo la estela de este documento se han anunciado diversas campañas tanto a nivel mundial (aumentar la disponibilidad de diagnósticos y tratamientos precoces) como en Mozambique (Campaña para la eliminación del SIDA pediátrico).

Revisando los Objetivos del Milenio relacionados con el SIDA no queda mucho espacio para el optimismo ya que si se quería lograr para 2010, el acceso universal al tratamiento de la infección por VIH, según el último informe de seguimiento sólo se ha alcanzado el 42 % de los 8,8 millones de personas que necesitaban tratamiento.

Esperemos que las directrices del documento Tratamiento 2.0 sean exitosas, pero da la impresión que la última moda para “solucionar” un problema es ponerle detrás la cifra mágica 2.0.

Escrito por Antonio Cabrera